Tras su intervención el año pasado centrada en “El
hijo de la novia”, en esta ocasión fue “El
mismo amor, la misma lluvia” el guión de Castets
alrededor del que giró la clase.
Como uno más, se sentó entre los alumnos a ver la proyección
de su película. Ninguno se imaginaba que ese tipo grande y de aspecto
afable era el aclamado guionista de la trilogía dirigida por Juan José Campanella.
Campechano y divertido, Castets relató, entre otras cosas, el proceso
de creación de su primer guión, una idea que incubó durante
años. Los alumnos, animados por su actitud cercana, aprovecharon para
preguntarle acerca de los problemas que un guionista novel puede encontrar. Él
les aconsejó no desanimarse ante los bloqueos y saber parar de escribir
para recuperar la objetividad más adelante.
“No traten de disimular lo autobiográfico y lo ideológico
porque no van a poder”. Así de contundente se mostró Castets
a este respecto. Según el guionista “todos tenemos nuestra propia
visión del mundo y en vez de luchar contra ella, debemos conseguir que
no aflore de forma demasiado evidente o panfletaria”. Además, comentó que
las experiencias personales pueden ser una gran fuente de inspiración
a la hora de escribir.
Castets, cuya carrera abarca multitud de premios a nivel internacional, ha
trabajado también como guionista de TV y Teatro. Su relación
con Juan Campanella se remonta a los años universitarios. Fruto de
esta amistad han surgido grandes obras, la última en 2003, año
en que se estrenó “Luna de Avellaneda”. Ahora se encuentra
en fase de preproducción el largometraje “Abrígate”,
del que Fernando Castets es guionista. A su amplio recorrido profesional
hay que añadirle una larga experiencia como docente en diversas universidades
y centros cinematográficos de España y de varios países
sudamericanos, entre ellos Argentina y Colombia.
Antes de terminar, el guionista pidió a los alumnos que le firmaran
en una hoja como recuerdo. Accedieron encantados y mientras lo hacían
aprovechó para darles un último consejo. “Escriban, pero
más que nada reescriban”. Al final: un afectuoso aplauso. |